Una auténtica maravilla portuguesa
Una ciudad con una energía vibrante y cautivadora descansa en el norte de Portugal. Oporto, con su encanto histórico y sus pintorescas calles, es uno de los destinos europeos que más viajeros atrapa anualmente. Y no es de extrañar, ya que esta joya portuguesa ofrece una experiencia totalmente única repleta de color, arte y maravillas que esperan a ser exploradas.
A orillas del río Duero, Oporto susurra historias increíbles de los siglos XIX y XX, que comienzan en el centro, algunas de ellas en la Estación de San Bento. Esta construcción del siglo XIX resguarda más de veinte mil azulejos que configuran la historia y tradición de esta apasionante ciudad. Junto a la estación, la preciosa Iglesia de San Antonio de los Congregados, un edificio que regala una imponente fachada de estilo Barroco.
En el corazón de Oporto, rodeado de edificios modernistas se divisa el gran ayuntamiento, que preside la Praça da Liberdade. En esta tranquila plaza mora la escultura de Don Pedro IV a caballo, además de pequeñas fuentes en las que merece la pena detenerse.
Entre calles y escaparates se vislumbran dos íconos de la ciudad. A un lado, la inmensa Catedral de Oporto, cuyo interior es capaz de quitar hasta el habla. Por otro, la Iglesia de los Clérigos, cuya torre es visible desde diversos puntos de la ciudad; y al subir comparte unas vistas totalmente increíbles de Oporto al completo.
Frente a la iglesia se encuentra la Rectoría de la Universidad de Oporto, un edificio del siglo XIX que también alberga el Museo de Historia Natural y de la Ciencia de la propia universidad. Tras conocer este centro, tanto el Jardím da Crodoria como la Praça de Gomes Teixeira; conocida como la “Plaza de los leones”; ofrecen una agradable pausa antes de continuar.
Si algo caracteriza a Oporto son sus preciosos y peculiares azulejos. Y es que, en esta ocasión, la Iglesia do Carmo sorprende con un exterior repleto de ellos, dibujados en azul y blanco. Pero el exterior no es lo único impresionante, dentro, su gran bóveda junto a todos sus detalles dorados, hace que merezca la pena la visita. A su vez, la Iglesia das Carmelitas junto a do Carmo es otra joya histórica en la que sumergirse.
Pasamos a una de las atracciones turísticas más emblemáticas de la ciudad, un auténtico guardián de cuentos y relatos. Hablamos de la Librería Lello, conocida como la “Librería de Harry Potter”, por ser “supuestamente” la inspiración de J.K. Rowling. En su interior se guardan libros de todos los géneros en distintos idiomas. Sus dos plantas unidas por unas impactantes escaleras acaban siendo el “punto selfie” de muchos visitantes.
Abandonando la zona céntrica encontramos el Palacio de la Bolsa, clasificado como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Construido sobre las ruinas del Convento de San Francisco, este palacio es uno de los monumentos más visitados del norte de Portugal.

Pasear e ir enamorándose poco a poco de Oporto es inevitable, como disfrutar cada instante en la Ribeira de camino al Puente de Luis I. Sin embargo, antes, la Sé de Porto, sede episcopal de la ciudad, espera para ser contemplada. Este monumento, uno de los más longevos, aún alberga ruinas de la antigua muralla.
Pasada la Sé, cruzar el puente o divisar la Ribeira desde las alturas es una experiencia inolvidable. Al otro lado de este, Vila Nova de Gaia, guarda un jardín desde el que los atardeceres se vuelven mágicos. El Jardim do Morro es el punto ideal para contemplar cómo el sol se hunde bajo las aguas del Duero.


Oporto es romanticismo, sonrisas, calles únicas, construcciones imponentes y un ambiente embaucador. Pero Oporto también es gastronomía, rica y abundante. Si pensamos en ella hay tres platos imperdibles que acarician el paladar solo de pensarlos. El primero, su famoso plato típico de bacalao, el bacalhau a la à Gomes de Sá. Esta receta con años de historia ofrece bacalao desmigado marinado en leche y hecho al horno con patatas panaderas, cebolla, ajo, perejil, huevo duro y aceitunas negras.
Si buscamos otra auténtica delicia, es necesario hacer mención a La Francesinha; un sándwich caliente compuesto por varias capas de ingredientes, entre los que se encuentran: la mortadela, el jamón, el chorizo y la salchicha fresca. Además de su inconfundible cubierta de queso fundido y su espectacular salsa secreta.
Para culminar con un detalle dulce, los exquisitos pastéis de nata. Esta especialidad de la repostería portuguesa no necesita presentación, solo ser degustado.







