María Peláe

La cantautora malagueña sorprende con su álbum “El Evangelio”, un disco de puro arte inspirado en 10 grandes flamencas

María Peláe, la folclórica, la voz rebelde del flamenco… ¿En qué momento de tu carrera te encuentras actualmente?

Creo que con más libertad que nunca. Este disco lo hemos hecho desde un punto de investigación absoluta y de no dejarnos llevar por ni qué se puede llevar o no se puede llevar; qué puede entrar en radio o no puede entrar en radio. Nos hemos ido a qué ha pedido cada una de las canciones. Y si una tenía que ir por funky, pues por funky. Si otra quería electrónica, pues hemos ido a la electrónica. Me gusta mucho la frase esta de Residente: “No es el estilo, es el artista”; y yo añado siempre, “y justo eso es lo que te despista”. Y precisamente eso es lo que hemos hecho con este disco, no tener miedo a arriesgar y a hacer cosas diferentes. 

Esa personalidad tan cañera y esa autenticidad que tanto te caracteriza se ve reflejada en cada canción. Pero, ¿la María de del día a día es así de clara y enérgica?

Pues, cuando hay injusticia, sí. De hecho, me cuesta mucho callarme o estar un poco relajada. Pero, en mi día a día, tiendo más a ser una “mandailla”. Soy más “calzonaza”. Y, de hecho, para muchas cosas muy vergonzosas. A mí, en mi día a día, contra todo pronóstico, me da vergüenza hasta hablar por teléfono. Yo tengo que pedir una pizza y se lo digo a mi pareja. Y digo, llama tú que me da lache (ríe). Pero, después, cuando hay una injusticia o algo, sí, suelo ser de la… Vamos, como que gana a la vergüenza y gana a todo. Y eso me pasa desde pequeña. De hecho, mi padre me llama “vinagre”.

Hablemos de “El Evangelio”, un disco que es puro arte y tiene bastante trasfondo, ¿no? Cuéntanos por qué “El Evangelio” y qué significa para ti este nuevo álbum.

Con “El Evangelio” me ha ido un poco al concepto más tierra, más familiar. Yo desde siempre he escuchado a mi madre o a mi abuela decir: “Esa mujer ha dicho El Evangelio por la boca”. Cuando alguien ha dicho una verdad muy grande. Sobre todo, basada en su experiencia. Y en base a esto, yo llevo macerando, desde hace muchos años, el ir apuntando frases que me parecían evangelios. Sobre todo, de grandes flamencas. Y llegó un punto en el que todo ese hilo conductor junto con las canciones que ya estaban también en camino calzaban a la perfección y por eso cada canción es según una santa flamenca.

La canción de “Qué Digan” es según Santa Rocío, por Rocío Jurado. Y el evangelio que soltó por la boca cuando soltó ese “Yo Soy Pro Gay”. O según Santa María, por María Jiménez con ese “Por las buenas soy buenísima, por las malas soy mejor”. En un momento en el que no se hablaba ni de violencia de género, sobre todo, en televisión y demás. Y ella cuando sacó su libro de “Calla Canalla, ahí estaba dando un paso al frente y hablando. Entonces fui apuntando, desde hace tiempo, precisamente esos evangelios de mujeres de arte, que han dado un paso adelante a favor de las libertades. Y me parecía un buen hilo conductor para, además de hacer canciones, homenajearlas.

Son 10 flamencas, ¿qué hay de esas flamencas en ti?

Creo que cada una de ellas si me han llamado la atención ha sido porque cada uno de esos evangelios me los he llevado a mi propio libro. A mi propio evangelio. Y creo que cada una de ellas nos puede enseñar grandes cosas. De hecho, la primera canción que se llama “Yale” es según Santa Asunción; y es por mi madre. Es mi santa madre. Es la única flamenca no conocida. Pero para mí es de mi flamenca que más evangelio puede soltar por la boca al minuto.

¿Cuánto trabajo se esconde tras este disco? ¿Cómo fue ese proceso de composición, encontrar a los artistas con los que has querido colaborar, etc…?

Pues yo creo que, ya te digo, yo ni en antropología he estudiado tanto (ríe). Porque para que todo tuviera sentido y que de verdad estuviera todo hilado al milímetro… También me gusta sentir este disco como un acto de fe en sí mismo, porque hoy día sacar un disco conceptual, que todo esté ligado, que invite a la gente a sentarse y a escuchar… Creo que ya de por sí es un acto rebelde. Y llevo meses y meses de, por un lado, producción y composición; y, por otro lado, de documentales, libros… O sea, yo recuerdo una de las mañanas que mi salón era un cuadro, o sea, la biografía de La Niña de los Peines, de fondo el documental de Tía Anica la Piriñaca. Por otro lado, mandándome audios con la Lupi, que es una bailadora de Málaga, para ver si yo daba con el evangelio de La Cañeta de Málaga, esta es la canción que es según Santa Teresa. Llegó un momento que decía: “¡Virgen Santa, me acordaré de cantar, porque yo estoy haciendo todo menos cantar!” (ríe). Y la verdad que ha sido un trabajo muy bonito y por eso acompañaba a los primeros que quisieran el disco, un libro en el que me apetecía explayarme; y, por lo menos, todo lo que he ido descubriendo que la gente también tuviera cerca ese descubrimiento, por decirlo de alguna manera…

En este proceso tan bonito, este viaje musical, ¿qué has descubierto sobre ti?

Uf, yo creo que de mí es como… Más que descubrirlo, me lo he recordado. Me he recordado varias cosas. En el sentido de afianzar mi andalucismo, por llamarlo de alguna manera. Fue el primer evangelio que sacamos, el de “La Perra de Despeñaperros”, porque en esta investigación descubrí mucho de la historia de Andalucía, que ni nos enseñan ni están en los libros de cuando estamos de pequeños en el colegio. De su bonito mestizaje. Y creo que me ha dado el clic de redescubrirme a mí misma. Palabras y cosas. Mi abuela de pequeña me llamaba “charrana” y eso no lo encuentro en la RAE, viene de “charrán”, que es una persona pícara. Pues como eso he descubierto millones y millones de cosas, mi G, mi J, aspiradas. He descubierto tantas cosas que me parecía bonito explicarlas y, en el caso de la canción de “La Perra de Despeñaperros”, desde la rabia, la verdad.

Eres defensora del PUEBLO, en mayúsculas. Tu música hace disfrutar, cantar y bailar, pero también plantea verdades y expone la realidad más cruda. ¿Crees que cada mensaje que lanzas con tus canciones llega y cala en ese pueblo?

Pues, al menos la intención. No sé si llega o cala. Para eso también me gusta jugar con el tipo de producción, el tipo de melodía, para que tenga las dos opciones. Si quieres bailar, baila, y si quieres escuchar, ahí te lo llevas, ¿no? Te lo llevas de recadito. Pero yo vengo de la canción de autor y para mí, “si te van a escuchar, di algo,” ¿no? Siempre digo esa frase. Y por lo menos el arte para mí es eso. No le encontraría mucho sentido si no fuera para decir. Es verdad que después no vamos a estar todo el día con la intensidad, ¿no? Habrá que bailar y hablar de los desamores. Pero ese ten con ten es el que por lo menos en el que me siento a gusto.

Cada vez te muestras más versátil. De hecho, con nuestra querida NIA, tienes dos canciones “Me sientas bien” y “Cómo están las cosas”; canciones con sabor rumbero y latino. ¿Cómo vives esa unión de sonidos?

Pues no es más que los cantes de ida y vuelta, ¿no? El flamenco y lo latino tienen toda una vida detrás y una historia que los une. Queramos o no, el rumbón y las rumbas están hilados y, por ejemplo, en el disco la canción de “Que digan” es un huapango, que es un tipo de ritmo mexicano. Y en el caso de las colaboraciones que tengo con Nia, para mí ha sido de una riqueza maravillosa. El poder, primero, juntarme y hacer música con alguien que no puede ser más buena persona. Y, por otro lado, que no puede ser mejor artista. Entonces yo creo que ese potaje tenía que salir bueno.

Y, haciendo referencia al tema con la canaria “Me sientas bien”, ¿Qué te sienta bien a nivel artístico?

A mí me sientan bien muchas cosas. Los diitas en casa, desayunar tranquila, mis perricos, mi pareja, mi familia… Y cuando estoy de gira, sobre todo, esos puntos, esos cables a tierra, creo que son los que mejor me sientan. Y cuando es verano, el salmorejo y el gazpacho, porque se me baja mucho la tensión antes de los conciertos (ríe).

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Volvemos a esa energía que forma parte de tu sello, ¿qué pueden esperar tus oyentes de los conciertos que se aproximan?

Pues que voy a tomar precisamente mucho salmorejo para que no se me baje la tensión (ríe). Porque yo me autoboicoteo cuando monto las giras. O sea, no pienso en que tengo mis pulmones y no tengo más. Menos mal que no fumo (ríe). Pero mucha candela. O sea, va a haber evidentemente todos los evangelios. Y, ya que el disco está tan hilado y todo tan conceptual, la gira va a acompañar también eso. Van a aparecer los porqués de todas esas flamencas, pero todo insertado en unas intros que yo creo que la gente se va a quedar loca. Y todo eso mezclado con las canciones que ya les haya dado tiempo a aprenderse. “La niña” no va a faltar, “La quería”, el “Por si te vas” … Pero todo eso mezclado con los evangelios. Entonces vamos a hacer ahí una mezcla que… A nivel luces creo que va a ser una pasada, a nivel escénico… Y el vestuario todavía no lo tengo, pero si no, pues saldré en bikini con una bata de cola (ríe).

Y en los conciertos que vas a dar aproximadamente, vuelves a tu tierra, Málaga. ¿Cómo te hace sentir eso?

Bueno, volver a Málaga es el cable a tierra absoluto. Yo es bajarme del tren o de la furgoneta y ya notar en la nariz ese aire salado… Es como la sensación de que se me relajan hasta los hombros, de decir: “ay, menos mal”. Pero al mismo tiempo, cuando voy a cantar allí, es de los sitios en los que me pongo, evidentemente, más nerviosa. Porque yo miro mucho al público y lo mismo la de la segunda fila yo me acuerdo que estaba viéndome cuando tocaba en las teterías de Málaga; y, en la primera fila, seguramente estará mi familia… Entonces, yo creo que es de los sitios más tensos y más bonitos al mismo tiempo.