«Conectar con el personaje es esencial para darle una forma honesta y creíble»
Tras consolidar su carrera en series y proyectos icónicos, la actriz galardonada con el Premio Lorca, atraviesa uno de sus años más brillantes
Tu trayectoria muestra una evolución fascinante. Echando la vista atrás hasta tus inicios en “Goenkale” o “El Secreto de Puente Viejo”, donde empezaste a forjar tu carrera, ¿qué queda de aquella actriz que hoy protagoniza thrillers internacionales como “Tehrán”, “Matices” o proyectos como “Disforia” y “Salvador”?
Creo que sigo conservando la misma esencia, la intuición y las mismas ganas. Lo que sí que he adquirido, obviamente, son herramientas como la seguridad y una mayor comprensión del oficio como tal.
Creo que ahora afronto los personajes desde un lugar más libre y consciente… Sin tanto miedo a equivocarme.
En “Matices”, podemos ver a un personaje con una gran complejidad psicológica que fue expresamente creado para ti. ¿Cómo viviste encarnar a Fariba Sayyid?
Hice un trabajo de coaching con Karlos Aurrekoetxea y Susana. Fue un viaje bastante intenso con una preparación de unas tres semanas. Es un personaje con muchas capas y lleno de contradicciones, eso siempre supone un reto interesante.
Tuve que trabajar mucho desde lo interno, lo emocional y desde las heridas, incluso intentando entender la actualidad del personaje, haciendo un viaje al pasado. Un pasado tormentoso y difícil. Es de esos personajes que te remueven especialmente y que te acompañan durante todo el proceso de rodaje.
Viajando del thriller al terror, ¿cómo te sentiste al explorar este género en “Disforia”? ¿Cómo desarrollaste el papel de Esther?
Para mí, trabajar el terreno del terror es súper estimulante. Porque tiene algo muy físico y muy sensorial que te obliga a estar muy presente, muy en el lugar. Eso te permite explorar nuevas herramientas interpretativas, sobre todo a nivel corporal, de tensión y desde la visceralidad también. A mí me gusta todo lo que tiene que ver con la parte física y la aventura. El echarse al barro me parece y siempre me ha parecido muy atractivo.
En este caso, Esther en “Disforia”, es un personaje muy complejo, con una carga emocional muy fuerte y un trastorno de bipolaridad. Fue un trabajo bastante mental, de contención; y sí que me interesaba mucho que todo ocurriera dentro de su mente, dentro de su cabeza.


“Disforia” cuenta con tres Premios Lorca: Mejor Largometraje, Mejor Dirección y Mejor actriz Protagonista. ¿Qué ha significado para ti recibir el galardón a Mejor Actriz Protagonista?
Es una alegría enorme y, por supuesto, un reconocimiento muy especial.
Los reconocimientos siempre son una alegría y un push para nosotros, ¿no? Sobre todo, porque en este caso detrás había un trabajo muy íntimo, muy honesto y bastante personal. Fue muy especial…
Además, son los tres primeros premios que he recibido en mi trayectoria como actriz. Y tuve la oportunidad de vivir ese momento acompañada de mi madre, por lo que fue doblemente especial.
Recibir tres premios Lorca, que cada uno pesa, no sé, cinco kilos (ríe)… Sostenerlos a la vez es toda una experiencia… También agradecí muchísimo las palabras del jurado, que valoraron de manera muy grata la película. Fue una noche que recordaré siempre.
En cada uno de tus trabajos muestras una capacidad magistral para trasmitir a la perfección el dolor que sufren tus personajes. ¿Hay alguno que haya supuesto un reto para ti?
Creo que de los personajes que recuerdo con más cariño y de los más especiales es el de Inés de “El Secreto de Puente Viejo”; fue mi primer papel protagonista. Era una chica que tenía que enfrentarse a muchas dificultades, momentos muy límite, circunstancias adversas… Había mucho drama, también violencia. Y, de algún modo, era un poquito extremo. Pero también conservaba su esencia, por la que la llamaban la “dulce” Inés.
Viví muchas cosas durante ese proyecto. Además, fue el primero a nivel nacional en el que participaba y como personaje principal. Eran muchas horas de rodaje, texto, muchas secuencias al día, mucha carga emocional…
Fue un gran aprendizaje que, sin duda, volvería a repetir. Entrar en esa dinámica de serie diaria, también es algo que me resulta bastante atractivo con un personaje así.




Teniendo en cuenta su complejidad y diversidad, ¿con qué aspectos de la personalidad de cada uno te identificas?
Creo que todos los personajes tienen algo mío, algún recuerdo emocional. Siempre encuentro algo de mí en cada uno de ellos y me gusta que sea así. Me gusta darle mi toque para que se dibuje de una manera más auténtica; darle forma y una sensibilidad concreta que nace de mí. Creo que conectar con el personaje es esencial para darle una forma honesta y creíble. Para que llegue, hay que entenderlo y hacerlo desde uno mismo.
En tu proyecto más reciente, “Salvador”, coincides con Luis Tosar mostrando un vínculo increíble que traspasa la pantalla. ¿Puedes darnos algunos detalles de cómo ha sido el proceso de trabajo en esta historia tan cruda y real?
Surgió solo y hubo química. Trabajo con él desde el más absoluto respeto como profesional, a quien yo admiro y me emociona. Creo que esa conexión emocional sucedió y trabajar con él ha sido una fortuna.
Es un actor con una presencia y una verdad insólitas. Además, tiene una escucha en escena generosa y eso es mucho camino recorrido, porque hace que todo fluya de una manera más orgánica.
Ha sido un proceso muy bonito. Nos entendíamos como dos niños jugando en el patio del colegio y me agrada mucho que la gente también haya notado esta química.



Tras un 2025 repleto de estrenos increíbles, ¿puedes adelantar algo sobre este año?
Este verano, por fin, voy a hacer un poquito de comedia. Es algo que me apetece muchísimo, porque considero que puedo tener una buena vis cómica. También tengo una película de género como actriz protagonista el año que viene, con un director de cine vasco.
Además, tengo más cosas pendientes que no puedo desvelar, pero vienen proyectos variados que me ilusionan mucho y me van a permitir explorar caminos distintos, probar nuevos registros como, en este caso, la comedia.







