El hombre de las «mil caras»
El actor de origen granadino nos habla de sus proyectos y todo lo que le apasiona en la vida

Antonio Pagudo, ¿quién es?
¿Quién es? (Ríe)
Es un chico de pueblo que soñaba con hacer películas y hacer reír a la gente en los teatros. Es un chaval al que le gusta mucho jugar, se divierte muchísimo en escena y ama su profesión desde lo que le aporta: conocer un montón de gente, cómo somos cada uno, las sinergias…
No me gusta trabajar solo, por eso nunca he hecho un monólogo. Me gusta, en escena, leer lo que le sucede a la persona que tengo delante; y por eso, para mí es tan interesante hacer teatro, además llevo mucho tiempo haciéndolo. También, por eso es tan interesante hacer cine, porque es una experiencia muy potente en poco tiempo. Y me lo he pasado también muy bien en televisión, porque hay muchas aventuras que resolver. Eso me gusta. Me gusta solucionar problemas.
Podría decirse que, actualmente, también eres el hombre de las mil caras. Eres Xabi (“Benidorm”); Esteban (“Bajo Terapia”); Julio (“Ladrones”); Miguel (“Furia”)… ¿Cómo has vivido llevar adelante tantos proyectos y preparar todos estos papeles?
Me gusta mucho eso, que aparezca como una imagen que hace muchas cosas diferentes. Es algo que me motiva bastante.
Cuando en la pandemia me propusieron hacer “Por los pelos” de Nacho García Velilla, que era un calvo que iba a Turquía a ponerse pelo, a mí me pareció una fantasía. Me parece uno de los regalos que te ofrece esta profesión.
Tenía la suerte de haber trabajado ya con Nacho, con lo que algo tenía. Ya sabía que le gustaba cómo trabajaba, pero sé cómo funcionan las producciones y pensé que me caía de esta, porque es mucho más fácil coger a un actor que tenga poco pelo, que ponerse a trabajar sobre uno que tenga un montón. Entonces, me gusta que suceda esto, que haya variación, que haya alternancia en lo que quiero aportar.
Cuando empecé a hacer teatro con Yllana, en el mismo espectáculo hacía 17 personajes y no tenía texto, todos hacíamos todos los personajes. Entonces, de repente eras un banquero, eras un chaval, eras un terrorista o lo que sea… Cualquier cosa, lo interpretábamos. Y me gusta eso, cambiar muchísimo y no sentir que hago pie, ¿no? Siempre buscar un reto un poquito más potente que me lleve al abismo.
Yo hago teatro gestual, me licencié en teatro de movimiento, en teatro de gesto, sin palabras; y ahora, en dos semanas, voy a hacer Don Juan Tenorio haciendo verso (ríe). Entonces, fíjate qué locura, ¿no? Cualquier otro compañero, a lo mejor, habría dicho “voy a quedarme con lo que a mí me gusta hacer bien”, pero yo soy osado con eso. Me gusta eso, además, me lo preparo siempre. Lo fundamental es escuchar muchísimo al director, la directora, a las personas, el equipo creativo, etc. ¿Por qué? Porque ellos tienen todos los datos del personaje y, sobre todo, llegan a sitios que yo no imaginaría.
Esa es la forma de variar mucho y cambiar los personajes. Y es que, siempre sean otras personas las que tomen las decisiones finales de cómo tiene que ser el personaje. Si tengo yo esa decisión, la tendencia va a ser siempre ir a lo que sé hacer bien o ir a lo que uno siente cómodo. Pero no me dejo, soy un buen alumno para eso.


Respecto a estos dos últimos, “Furia” y “Ladrones”, ¿qué te llamó la atención para decidir adentrarte en estas producciones?
En “Ladrones”, porque me apetecía hacer acción. La acción es muy divertida y he hecho pocos trabajos que tengan componentes de acción; algo policiaco, de robos, persecuciones, cosas así… Me apetecía mucho entrar en ese género y me lo he pasado muy bien.
Y, en “Furia”, por supuesto, también. Ya conocía a Felix Sabroso y Jau Fornés, me encanta lo que hacen y cómo lo hacen. Me ha permitido estar en un elenco soñado. Tener escenas frente a Candela Peña a mí, como actor, me hace mejor. Por eso estoy muy agradecido a ese papel, a ese personaje y a Candela porque la mitad del personaje lo creó ella; con su intensidad, con su mirada, con su fuerza y con lo que me aportaba en escena. La despedía, (ríe) a Candela Peña.
Echándole un ojo a toda la cartelera, podemos ver personajes muy distintos entre sí. ¿Qué ha dejado en ti cada uno de ellos?
Sus valores. En realidad, he tenido la suerte de hacer personajes siempre positivos. Nunca he interpretado a ningún asesino, aunque me encantaría. El más “capullo” es Don Juan Tenorio, que tiene sus cositas.
Pero estos personajes, ¿qué te dejan? Su forma de ver la vida. Es como si por un momento te prestasen su personalidad y hay cosas que son muy atractivas de las personalidades de otras personas. Esto pasa, incluso, cuando estás en un grupo de gente, al final, terminamos todos cogiendo un poquito de las cosas que nos gustan de nuestros amigos, pareja, familia… Y, entonces, cada personaje sí que te deja. Cuando llegue ese gran asesino, a ver qué me deja (ríe).





Y si le damos la vuelta, ¿qué crees que dejas tú?
Me dejó el pellejo, me dejó la piel…
Es lo típico, todos trabajamos a tope, pero a mí lo que me gusta de cuando termino la jornada es que, ya no llego ni a casa para decirme esto; termino la jornada, estoy en el camerino cambiándome, me miro en el espejo y, si siento que estoy satisfecho, sé que ha sido una gran jornada, sé que he hecho algo de lo que me voy a sentir orgulloso. Persigo siempre esa sensación y para eso trabajo.
También, no me quejo nada en SET, disfruto mucho de todo lo que sucede, de los ensayos, etc. Cuando es teatro, ahí eres muy libre, puedes hacer y jugar mucho, así salen cosas maravillosas que luego se quedan ahí siempre.
Cuando hicimos perfectos desconocidos, una de las premisas que nos dio Dani Guzmán, que era el director, era que mantuviéramos el espectáculo vivo y eso siempre es así, pero él metía un elemento más y teníamos que jugar con cómo nos sentíamos ese día y que lo petáramos, que le pusiéramos un amplificador, que lo trabajásemos. En esa historia sabías que los compañeros también lo iban a hacer, por lo que íbamos a estar siempre viendo qué sucedía, pendiente de ver qué va a pasar, aunque nos lo sabíamos todo. Como cuando sabes el camino al trabajo, lo sabes y lo recorres todos los días, pero cada día pasa una cosa diferente: un día llueve; otro día vas cansado porque has dormido mal; otro día duermes mal, pero estás súper contento… Entonces, usábamos todo eso para las escenas y eso me gusta y atrae mucho. Eso hace que disfrute cada momento de los rodajes, las entrevistas, los shooting, etc.
Cuando hicimos perfectos desconocidos, una de las premisas que nos dio Dani Guzmán, que era el director, era que mantuviéramos el espectáculo vivo y eso siempre es así, pero él metía un elemento más y teníamos que jugar con cómo nos sentíamos ese día y que lo petáramos, que le pusiéramos un amplificador, que lo trabajásemos. En esa historia sabías que los compañeros también lo iban a hacer, por lo que íbamos a estar siempre viendo qué sucedía, pendiente de ver qué va a pasar, aunque nos lo sabíamos todo. Como cuando sabes el camino al trabajo, lo sabes y lo recorres todos los días, pero cada día pasa una cosa diferente: un día llueve; otro día vas cansado porque has dormido mal; otro día duermes mal, pero estás súper contento… Entonces, usábamos todo eso para las escenas y eso me gusta y atrae mucho. Eso hace que disfrute cada momento de los rodajes, las entrevistas, los shooting, etc.
Es una suerte trabajar en esto y tenemos que recordarlo. De vez en cuando tenemos que decir: ¡Ostras, es que trabajo en esto! ¡Trabajo en lo que soñaba! Lo que ese chaval soñaba.
De vez en cuando, te das un toque y dices: ¡Ey! Que has llegado, has llegado a un sitio muy chulo. Estas comunicando, eres comunicador, te acercas a la gente, te escuchan… Es súper importante no perder nada de eso, pero que tampoco nos agobie y se convierta en algo en lo que no tengamos poder de decisión sobre nuestros trabajos, ni nos dejemos llevar por todo lo que sucede. Es decir, tener fuerte la idea de que si hacemos esto es por alguna razón importante y que está por encima de nosotros.
A todos les abordan miedos muy específicos, ¿no? Podemos ver que Julio le teme a la soledad, Xabi a no disfrutar al máximo de lo que le queda de vida… ¿Cuál es tu mayor miedo en la vida? ¿Y en tu carrera profesional?
No sé, creo que no estar a la altura de lo que me rodea. Pero, cada vez, me doy cuenta de que, al final, no se trata de conocimientos o capacidades, sino de actitud. Y que con eso he llegado mucho más lejos, con esa actitud, con esa sensación.
También, me encantaría que la gente me recordara como un buen compañero; que cuando digan que voy a estar en el elenco sonrían y digan “qué bien”. Conozco a compañeros así y me flipa trabajar con ellos. Me daría miedo convertirme en una persona agria que no funcione, que la gente no quiera compartir momentos chulos conmigo. Sería eso, un poco a la soledad, ¿no?



En el caso de tu personaje como Xabi Zurita en “Benidorm”, ¿crees que estás viviendo al máximo?
Sí, sí creo que estoy viviendo al máximo las cosas que me pasan y estoy aprovechando, no solo la parte profesional, sino también la personal. Eso también es muy importante, porque hay veces en las que te puede llegar a comer un poco la profesión y te dejas un poco de lado, a ti mismo, a los que te rodean y lo que tienes al rededor.
Yo he tenido suerte. Desde el principio, desde que empecé en el teatro, desde la escuela… Empecé a hacer cosas en televisión que funcionaron, pero luego llego “La que se avecina”, que fue lo que sacudió todo por completo; y tuve la suerte de tener gente a mi lado con mucha tierra, gente que me posicionaba donde estaba, que daban valor a las cosas y a mi vida, a parte del personaje que se estaba creando. Por eso no me dejé llevar por esa historia, no me compré un coche más grande, ni me fui a vivir a un sitio más raro, ni cosas así. Simplemente aproveché para poder disfrutar más de estar con los míos. Y eso, a veces, me ha hecho elegir opciones que no son, a lo mejor, las que profesionalmente serían a las se les saca más rendimiento, pero personalmente sí.
Tengo dos hijos con los que he estado, les he acompañado y ahora tienen 18 y 16 años. Puedo decir que he estado hasta ahora con ellos, acompañándolos en cada momento, disfrutando de ellos cada segundo. Llevo con mi pareja 22 años, soy un tío muy estable y eso me da mucha fuerza a la hora de afrontar las cosas.
También tengo mis inseguridades y mis momentos y, sobre todo, cuando tomas decisiones sobre qué hacer, decisiones artísticas o cuando decido afrontar el verso sin haberlo hecho en mi vida, obviamente es algo difícil. O cuando decido afrontar la presentación de los Premios Carmen, que se emitían en directo en Andalucía. Nunca había presentado una gala tan importante y eso degenera un poquito, te da un bofetón y te dice: “Curra, curra curra”. Porque la única forma de estar tranquilo en esta profesión es trabajando y así se quitan los miedos, trabajando.
Si tienes miedo al texto, trabaja el texto. Si tienes miedo a no poder llegar a la altura físicamente, tendrás que trabajar físicamente para poder llegar. Es eso.
Volviendo a ese niño que adoraba el teatro y que soñaba con hacer lo que estás haciendo ahora, ¿qué valor tiene el teatro para él a día de hoy?
Es el origen. Yo empecé a hacer teatro con 14, con 16 ya estaba en una compañía amateur de mi pueblo y con 16,17,18, ya estaba viendo a gente que ahora son mis compañeros. ¡Eso es muy loco! (Ríe).
Entonces, yo veía a Emilio Gutiérrez Caba con la compañía Teatro del Sur haciendo una obra increíble, donde la imaginación y la puesta en escena me llevaban a sitios maravillosos. Me sacaba de mi zona, de mi pueblo, de las cosas, de los inputs que tenía y me elevaba a sitios maravillosos, a un lugar de fantasía que disfrutaba mucho.
Luego los esperaba cuando terminaban y hablaba con ellos. Más tarde han sido compañeros míos y se lo he dicho. Luis Merlo, Emilio y un montón de gente. Pero, en el caso de Emilio, me volvió loco que él tiene 107 películas y coincidimos en “Phenomena”, una película de Carlos Therón para Netflix. Cuando terminó todo el proceso, toda la película, en el último momento le dije: “Emilio, tengo que decirte una cosa. Yo vi el espectáculo tal…” Y me dice “Claro que sí, en el teatro tal…”. Se acordaba del teatro y para mí fue una sorpresa.
Después de toda una vida dedicada a esto, los lugares son importantes, las cosas que haces son importantes y te acompañan el resto de tu vida. Es un legado chulísimo y estaría guay que, algún día, alguien me dijera: “Oye, te he visto en “Broker” o te vi en “La comedia de los errores; o tu personaje me ha llevado a dedicarme a esto”. Eso es guay.
Hablábamos antes de Don Juan Tenorio, hace casi un año, protagonizaste esta obra, que es una de las más populares y representadas de la literatura española. ¿Supuso algún desafío para ti?
Pero, de repente, afrontar este espectáculo en Alcalá, con 35 años o no sé cuántos tiene; que es una fiesta de interés turístico nacional, que se hace ante 10.000 personas… Quiero decir, es lo más cercano a un concierto de música, como si fuera un cantante de rock.
Y un personaje así, que se ha representado tanto, que es un pieza, que con los ojos del 2025 tiene cositas que son difíciles de defender. Pero, aun así, hay algo bonito.
Nos agarramos a lo vulnerable del personaje, a darle una vuelta e intentar mirarlo con nuestros ojos de ahora. También, elevar más el personaje de Inés para que estuviera a la altura de las cosas que suceden. Nos quedó una versión súper maja y a la gente le gustó muchísimo.


¿Volveremos a verte como Don Juan este año?
La voy a representar otra vez este año, porque aparte de que he tenido la suerte de poder tener y hacer ese espacio, es un personaje que empodera muchísimo. Es un súper protagonista. Todo pasa a través de él y estamos hablando del más allá, de dioses, de la tierra, etc. De esta cosa del ser humano tan cutre, ¿no? De esa capacidad de arrepentimiento en el último momento, de la religión… Y el amor es lo menos importante para Don Juan Tenorio hasta que aparece y eso es lo que le motiva a cambiar por completo. La belleza de Inés y su comportamiento, sobre todo, es algo que le llama muchísimo la atención y le cambia por completo.
Es muy chulo de hacer y el elenco es maravilloso, jugamos cosas muy chulas. Espero que este año podamos meter un poquito más de nuestro sello, del sello de Yllana, que es el humor gestual, humor del teatro de movimiento. Ya habiéndonos quitado la primera función, que a todo el mundo le gustó y vieron que podía hacerlo.
Una crítica me hizo mucha gracia porque hablaba de que siendo yo un actor de comedia, de donde venía, dijo que había defendido el personaje. Por eso me gusta mucho cambiar a diferentes personajes, géneros y sitios. Por romper la cabeza un poquito.
Si tú crees que solo puedo interpretar un personaje, estoy haciendo algo mal. Yo, tú no, porque tú solo estás viendo y recibiendo. Por eso me gustó mucho la sorpresa de ver un Tenorio clásico viniendo de un tipo de la tele (ríe).
A la larga lista de trabajos que has realizado, próximamente se unen nuevas aventuras audiovisuales: “Sujétame el cubata”, “Me has robado el corazón” y “Tres de más”. ¿Qué puedes contarnos?
“Me has robado el corazón” es una comedia deliciosa. Una comedia romántica, muy, muy romántica de Chus Gutiérrez, que grabamos en Galicia el año pasado. Está Óscar Casas, Ana Jara, Luis Zahera, Miguel de Lira…
Miguel de Lira y yo hicimos tándem cómico, porque somos dos policías que van tras un ladrón; y me lo pasé muy bien rodando con él. Es un hombre de teatro de toda la vida, un gallego maravilloso que me aportó cosas muy chulas. De ahí surgió un personaje, un comisario de policía que yo espero que guste mucho, porque es muy diferente a lo que hemos hecho hasta ahora.
“Sujétame el cubata” es la típica locura en la que tienes que estar. Es una película sobre un bar en la que están todos los cómicos de España y tenía que estar. Y, la verdad, es muy gracioso porque mi intervención es mínima, pero lo que me propusieron me encantó y espero que disfrute mucho la gente con esas cosas. Mi primera película fue algo así, un homenaje a un montón de películas de cine. “El síndrome de Svensson”, una comedia con un montón de actores y actrices del panorama.
Y “Tres de más” es una comedia familiar, que refleja estas comedias de cambio de cuerpos, de tiempos… Una comedia de cambios.
Volví a trabajar con Kira Miró y Salva Reina, que coincidí con ellos también hace poco y son una pareja maravillosa. También coincidí con un montón de gente como Carmen Ruíz, Jaime Lorente… Un montón de gente con la que lo he pasado muy bien y eso es muy divertido.
Y descubrí a Mar Olid, que me parece una de las directoras que tienen un pulso de comedia cogido con un acierto maravilloso y que hace trabajos muy interesantes. Espero currar con ella muchos más.
De los que ya conocemos y tanto hemos disfrutado, ¿puedes desvelarnos si habrá segunda temporada de “Furia” o “Ladrones”?
Ojalá pudiera decir lo que sigue o lo que no sigue. No lo sé, para mí lo importante es que con una serie como “Ladrones”, por ejemplo, al estrenarse, lo primero que empecé a recibir es un montón de gente que la estaba viendo y se la estaba viendo tela, al momento. La estaban consumiendo. En menos de un fin de semana habían visto la serie entera y eso me gusta mucho.
Me parece una serie muy divertida, que tiene mucho movimiento, que es fácil ver, ágil… Estamos en una época dura también en que la ficción está apretando en la perversión humana. Estamos con el true crime y creo que cosas así más ligeritas molan.
Luego, “Furia”, por ejemplo, también tiene un algo chulísimo en la forma en la que está rodada, porque cada plano es un cuadro, es que es una belleza lo que se está componiendo. Entonces, tener también productos así es chulísimo. Ojalá todas tengan segundas temporadas.
Ojalá todas las películas tengan segundas partes. Es lo primero con lo que nosotros nos quedamos con ganas de. Me has robado el corazón”, por ejemplo, cuando empezamos a currar Miguel y yo, teníamos muy poco tiempo para desarrollar lo que teníamos y no te imaginas lo que crecieron nuestros personajes dentro de la película. No estaba previsto que nuestros personajes funcionaran tan bien, entonces, ahí surge decir: “Esto merece una película a parte”. Así que siempre queremos crear a través de los personajes o las historias que nos ofrecen. Luego están las cadenas y sus decisiones.
Y, para conocerte un poquito más, a día de hoy, ¿qué es lo que más te emociona?
Me emociona cuando veo a mis compañeros, veo a alguien que está haciéndome una propuesta y no me la esperaba.
El problema de la profesión es que hay veces que te metes tanto en análisis, de dónde viene, por qué viene, etc. No hay nada peor que leerte el libro de cómo se escribe un guion para, a partir de ese momento, no poder ver una película sin ver las estructuras básicas del guion. Es terrible. Es mejor tener la cabeza limpia. Entonces, cuando veo una obra de teatro y no me espero el giro o no me espero la forma que tienen de comunicármela; cuando veo una serie y no puedo dejar de mirar como si estuviera viendo por primera vez el fuego, a mí me vuelve loco.
Es algo que me encanta, es como un gran partido que sale bien y tu equipo gana. Esa sensación es como: “buah, están funcionando cosas”. Y es que yo me meto tanto… Por eso soy muy malo cuando me piden opinión para mejorar o me piden una crítica y digo: “No puedo, si es que me quedo con lo bueno”. Soy de piruleta, soy un unicornio (ríe).
Pero cuando algo realmente me toca; me eleva, me hace feliz, me siento y puedo estar dos horas hablando sin parar de lo que ha pasado. Eso es lo que más me gusta.




